I
Eres agua fresca, sombra de salvamento en la canícula;
Nena, yo al huir caí en tu pecho
/¿de qué espectros, de qué sombras?/
En tu nombre retoñé, hierbarajo, mala espina
Lamiéndome la última llagadura del paisaje
Rencoroso y afiebrado me refugié en el ala de tu beso:
Ahora, corazón, bebo la sabia de tu lejano orgasmo
mi noche está colmada de incisivos:
la mano que tocó tu carne
es un incendio sin luz
que ya no brama
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