II
en mi lengua, para no llamarte, levanto muros
nudos corredizos para el cuello de la memoria;
este cadalso, tu mano alejada de mi rostro,
la pendular caída de las horas, afiladas lenguas,
rabiosa conjugación de palabras que se pierden,
aquel juego privado de señales, el deshielo inmediato;
me digo que he soñado,
que esta bruma es la palabra urgente del delirio
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