CI
entonces, llamar a olvido y no soñar,
negar que estoy herido, que me escuece
el corazón de no saberte, de tentarle las carnes a la angustia
lo que sin despedirse emprendió viaje;
rabio de hablar en la espesura, a solas,
atento a lo que en el follaje cruje,
más llega el alba y no hay ceniza que me ladre
más bien estoy en pie con el respiro a cuestas
arando el yermo el malpais que nombré tuyo;
rostro al sol me crece el olvido en malayerba,
lo que no soy que se me encarna si te llamo
este modo de transpirar el veneno propio,
nadar a contraflujo del delirio sin hundirme,
estar a salvo sin lo incierto, sin duda en la que caerme vivo
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