CIV
el silencio es imposible si te pienso:
nace en la vecindad de la lluvia
el croar de sapos en celo
la caída de los frutos, el follaje acariciado por el viento;
rumores de un río que se desborda,
animales que persiguen a su presa (envenenada,
mordida de hambre o de rabia paralítica)
me digo que te nombro, pero en falso:
apenas la sospecha de que fuimos;
relámpagos iluminan la habitación de mi soledad,
la noche se columpia de un ojo al otro,
escampa la tormenta, se aparean las cigarras con estruendo:
no hay silencio, hay un borronazo en la palabra,
en esta forma de decir tu nombre sin resuello,
en este crepitar de aguas río abajo;
no hay silencio, hay un rumor sobre otro,
el ruido de un machete que pierde el filo,
la prisa de un motor al derribar la ceiba o el cocoite;
ramas que se comban si el cazador espera al tepescuinte,
agazapado en sus alturas, rifle y sueño en mano,
más allá de del cacaotal alguien recuerda un nombre,
masca hojas de hierbasanta para su herida,
ahoga a los gazapos del deseo en tina de aguas azufradas,
recoge los frutos del café y de la mostaza,
le arroja huesos y piedras a la sombra de su perro:
en su pecho anidan cansados gavilanes,
navegan el agua de su lágrima piratas sin arrojo,
ese alguien escribe sin palabras tu nombre sobre el aire
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