CVIII

 escarba en mi corazón hacia la sangre

navégame lo torvo, el agua espesa de mi duda;

esto de no dolerme tu partida es lo que sangra

lo que saja hueso adentro la querencia


roca abierta mi pecho espera a que vuelvan tus pasos,

a que el azar ponga tu voz sobre mis restos,

mi ceniza que se eleva con el viento,

mi palabra ya marchita y repetida

aferrada a esbozar tu nombre, a tiritar de soledad

rumiando a solas, por el mundo, que te has ido


lo triste es masticar incertidumbre, no saber:

echarse a la sombra de la confusión y hundirse,

navegar lo navegable del recuerdo, y hacerse poco,

esta perpetua forma de agonir el desespero

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