CXI
escampado de lo angustia,
nochituerto, agujereado en el verbaje,
espero la llegada de lo fiero,
lo relámpago en la bruma,
reverberado de no verse,
así la sombra de tu sombra se dibuja:
más como eco de luz que se afugaza,
mitad hecho de anhelo, mitad de algún recuerdo;
aquellos desvelares aún son brasa,
rescoldos del incendio, una promesa,
lo cierto es que ya ciego solo escucho
el agua que se va ladera abajo
no hay otro ruidajal que me perturbe
en este crujidero de tristeza y soledades,
esto de andar sin ti como quien vuelve
nadando hacia la orilla en que se quiebra
el nervio de extrañar sin aspavientos;
lo último que ví fueron tus ojos:
reñidos con el humo de ciudades,
abriendo el paso hacia lo lejos
mordida de querencias o fuegos invernales
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