CXLII
entonces el resplandor, lo ocaso,
no lo umbral entre las grietas,
el flujo de la arena sobre el agua,
lo que de luz en este pecho habla,
refulge, brama, estruenda:
aquí tu voz es la cuchilla que me eleva,
mi último paso hacia el silencio.
mío es el trepidar de la palabra:
antigua bestia del deseo, espejo narcisial.
rayo en la hostigada luz me veo mirarte,
lo noche me crece como una flor
entre los ojos, a deshoras del invierno.
núbame de ti cuando te piense,
estrágame de cielos si te nombro
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