CXLVI

entonces, la embriaguez, el soporífero latido

nacido en este pecho uncido en recordares,

este amasijo de voz y carne y beso deliral,

lo que sostiene a flote la cordura:

resquebrajado en su más íntimo destello,

apenas vivo, esguinzada la rabia,

mi bien más devaluado,

mi estertor más sacro, este bufar de ausencias;

ahogado de pensar en humedales del pasado,

roído el corazón en sus esquinas cédricas,

le ví los múltiples ojos a la noche;

esto que barrunto es desacierto perpetuado,

necedad de herir la hoja, hacerse nudo,

escarbar dentro del aire y su coraza, y nada

Comentarios

Entradas populares de este blog

I

II

XL