CXV

 entonces, ahora, la luz es lo que calla,

no su contrario, lo que otrora me aterraba,

esta cuchilla inabarcable con su absurdo,

lo que de pronto ciega sin oscuros;

recoge las promesas como quien recoge

aquella cosecha mordida por la helada:

muerta más allá de la esperanza.

mira hacia el mar, donde no hay yo,

ahí donde refulgen sin tú las tempestades,

recuerda lo que soñaste en el desierto,

la tibia hoguera donde ardimos,

el espejo que se empañó de recordancias,

nuestra barca que se hundió sin prisa

en las aguas vastas de un olvido

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