CXXVIII

    

 esta forja de adioses,

negaciones de la luz,

esto de echar fuera

la palabra amor y sus gazapos,

roerle el tronco a lo que, fuego,

ascua, amago de incendio,

masca esperanzas de distancia;

mírame, corazón, buscando

a tientas tu sombra o su trinar,

recogiéndole su esquirla al horizonte,

lo de malabar que tiene seguir vivo,

espulgar las tardes y el delirio,

nocturno animal con viejas hambres,

esto de llamar a puertas ciegas,

emparejar calles de andar soñado,

nigromante, gitano, estafador:

el hombre -lo que de suyo queda-,

lo que festeja aún aquel encuentro:

recuerda que estuviste de pie frente al abismo,

angustia y dolor bailando en torno,

mírame revolcado y viejo y tuyo

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