CXXXV

esto de hacerse lejanía, mirar lo que en torno se evapora,

no el llamamiento de lo lágrima: su contención;

esto de andar entre baldíajes, pepenándole recuerdos a la angustia,

lo que se enhierba en suspirancias;

recuerda la manda furia del invierno,

aquella forma de llamar a incendio desde el nacimiento de tus ojos,

mi cercanía con la divinidad si te tocaba antes del relámpago.

mordido de tinieblas yazgo por nombrarte,

algo entre mi grito se acristala, bulle:

reflejo o espejismo o chamánica locura me cabalga.

lo que ladra de fantasmas por soñarte,

el espinar que nos persigue entre lo yermo;

no la sed ni su delirio: la esperanza 

el inclemente palpitar de su metralla en el huesaje

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