IX
en cada hueco, en cada hebra de soñada furia
nocturno vegetal tras tu huella palpita mi deseo
en el más ferviente paladar de mi hambre,
laborioso y animal,
recojo frutos del mar de tu saliva,
aúllo con mi tropel de sombras, aherrojado
en la noche,
malherido de mí mismo, hablo a la escueta
primavera:
algo de fiera queda en mi entrepierna,
algo que como un eco
repite la nervadura de tu nombre
la elocuente rabia gutural del precipicio
el espasmo, entonces, a cada hora, en cada llaga
nutre a la cetrera angustia, arde:
en cada llaga deja crecer un negro corazón
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