L

 entonces, envuelta en mi deseo,

naces a la bruma, espejo y brocal;

eres la cicatriz que deja tu beso, el ciclón;

la forma que toma el agua de mi anhelo:

recoges en tu palma las palabras que me dio el hambre;

aquí, en el comienzo de esta ruina, me desdibujo,

me sorprende la jauría de recuerdos,

me sorprenden el alba y su fulgor,

águila que no surca, vertical, el horizonte;

respiro: tu silueta vuelve a incendiar las horas,

los parques donde la muerte baila sin mí,

el temor siempre vivo de tocarte y en ese gesto,

navegar de nuevo hacia el vacío, la nada,

esta cicatriz sin herida donde revoloteas, ascua despierta

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