LIII
es todo: te marchaste y oscurece
no sobre mi carne nido de tu ausencia,
en el ojo distraído del anhelo;
lo tuyo que arde en mí no duerme,
ruge pero sin ganas, derrotado,
a la orilla del mar, que no recuerdo,
Mira esta flor orquídea silvestre salvaje casi
mira su pétalo abierto como una boca
al beso a la bocanada de aire
recuerda la humedad de los cuerpos
lo que fuimos recuerda los nudos de sudor
el nudo de saliva y deseo
nocturnos frutos que cubrió las pieles ya sin ropa
enceguecidas fieras que gruñen de hambre, famelecidas
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