LIX
entonces, cabalgar la aurora, perseguirla,
navegar el agua tibia de algún lecho:
esto que parece hierbajal en la memoria,
lo que del invierno queda en los hombros,
renegrido y tambaleante, pero vivo,
ascua sobre la ceniza, titilante;
más que el ventarrón, la brisa leve:
más que la flama, aguardar el principio del incendio
atronador y destemplado, el instintivo grito,
rugir contra el agua espesa de la noche,
lamer el huesadal de todo lo extraviado,
entrar, de pie desnudo, al oratorio, silenciado
náufrago en la más pura forma del desamparo,
entonces, devoto, rezar a los leones de tu orgasmo
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