LVI
elegí, entre tu falda y la vigilia,
nubes venidas de otros mares,
el eco y la espina de las cosas que parten,
la mordida brutal de lo sublime,
romper las cartas escritas a lomos del viento;
aunque sin ti, aunque hosco animal,
merodeé las playas donde anida el fuego,
mordí algún fruto cuyo nombre, terso,
alguna vez me recordó tu beso;
ruido ya, apenas bruma inasible,
largo desastre, me encaramo a la feria
ese bullicio donde cabe apenas
nada más y nada menos que el olvido
que estiro el brazo y no lo alcanzo
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