LX
encallas, bestia marina, en mi orilla
naufragada tocas la costa de mi anhelo,
erguida a penas, asaeteada de horas fieras;
lo que en mí arde, entonces, se distiende,
resquebraja muros, salta fauces de acantilados,
ahuyenta conatos de tristeza, pero en vano:
mala, tristemente, somos el acero que raja al otro,
muda, torpemente, somos el veneno para el otro
ahora, entonces, la distancia, la termita de los días
royendo la palabra: todo recuerdo dado, el terso olor,
la turbia calma de las promesas que se quebraron
enmusguecidas, tapiadas de abandono: solas
noche sin faro bogamos sin fin hasta el desguance,
entramos en el estómago del deseo, dormida bestia putrefacta
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