LXII
escribo: para marcar mi huella en la arena de los días
navego, sin agua, a contracorriente de mí mismo,
enceguecido trepo los acantilados del tedio;
lo sé de siempre, seré borrado por un soplo, un descuido
regreso a las horas palpitantes, urdo mi trama de silencio:
antes de ti, antes de mí, este vacío lo habitó el relámpago,
muda fiera enfurecida, que nos abrió en la oscuridad un tajo
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