LXIII

 Esto que se ha roto, las cosas perdidas,

nuestra palabra empeñada sobre el fango:

esto que ya no somos, que se diluye en el agua de los días;

la flor marchita que olvidamos en un patio lejano

remendado de humedad y malas hierbas,

algo que se asemeja a la furia y al deseo,

mortificada carne en cuyo grito

mi grito se hizo eco del silencio.

Aves hay en el cielo, pero es tarde:

resquebrajada, la aurora crepita y cae sobre el lomo del polvo;

lenta gira la rueda de los días, sobre mi espalda:

esto que no nombramos pero grita gimotea

navega por nuestra angustia y nos da nombre:

esto que somos porque fuimos pero ya no será

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