LXVI
eres la tempestad, lo que retiembla,
nimbo a cirro, en mi huracán;
eres, entre la lluvia, fulgor de rayo,
lo que deslumbra el ojo al deseo
río en furia creciente, crepitar de roca:
aquí tienes mi cuerpo para tu arrastre,
mi ofrenda de hombre solo
muerde este fruto nacido de mi noche:
algo en él te nombra y te pertenece
ruge otra vez, diluvio, empapa mi tristeza,
la piel que ahora me envuelve, la llagadura:
esta forma de nombrarte sin voz en la penumbra
navegación en ti desde la aurora, lo que intento,
este bregar a tientas por la sequía sin fin de tu ausencia sin embargo
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