LXVII

 esa tarde hablé de ti, de pie frente a la aurora;

nunca vio la calle un corazón tan desnudo

en su traje de espinas creciendo hacia el interior de la carne


largo era el otoño y suave la caída de sus hojas,

roto por fin el velo de las cosas tristes,


aquellas cosas que olvidamos como por descuido

más allá del recuerdo y del polvo de los años

más allá de calendarios, de promesas hechas,

artilugios sin gracia, máquinas imaginadas

rotas apenas tras el suspiro, arracimadas en su derrota


ladro sin embargo, vuelvo a mirar el pozo del horizonte


en medio de la tarde, aquella tarde, lloraba un sauce:

no por ti, por el advenimiento de la soledad

ese caballo que relincha y cocea y se lanza sobre mi cuerpo

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