LXVIII

 en el temblor hubo cielo

nubes como una estera donde poner 

en descanso el huesadar,

la costumbre de buscar la noche

romper las sábanas lamer el espejismo

abrir la carne como una ventana

morder el aire entrar como un ladrón

medir la cadencia del fuego en tu gemido

abrir la ventana de la casa como se abre

rosa despojada de jardín

la carne en canal de un toro 

esto que ya no soy y ahora recuerdo

nada más que para olvidar, esto que ya no soy

el temblor el humo el fuego el agua el cielo henchido

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