LXXII
enturbiecido, ronco: busco en el aire
nebulosas, la salvaje raíz de mi tristeza
esta maraña este ramaje este avispero
lo que arde no: lo que al nacer quema
raspa la carne le abre cuarteaduras
a los muros de la calma esa vieja casa
materia de abandono refugio del polvo
mi más sentida espina mi cicatriz más viva
ahora diré que estoy solo que me canso
rotos los cristales del tedio olvidare tu nombre
lo que arde y quema entre carne y hueso
el destello donde comienza la caída
no diré otra cosa estoy solo pero no importa
esta muerte este crecer de lava este crujir de dientes son míos y estoy a salvo
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