LXXIV

 eres, en la tormenta, lo que se desgaja, el agua y la roca:

numeral del miedo, cristal para mi turbia luz;

esta necesidad del fuego, esta sed de torrentes

lo que me crece hiedra en el jardín del pecho

rudimentario y silvestre, lleva tu nombre


ahora la angustia toca su cenit sin pájaros hambrientos 

mi mediodía arde y lo consume todo en torno

mi mediodía arde y lo oscurece todo debajo suyo


a solas crepita mi corazón en una hoguera cercana al alba


regreso y te encuentro ausencia, ceniza en el muro de los días

la cicatriz que no cerró su puerta de sangre, lo que somos

este silencio que crece sin forma, asido de cualesquier ladrillo


no fue el estallido, en medio de la noche, lo que nos fundió:

el primer canto de los gallos, la promesa que rompimos como un vaso sobre el concreto

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