LXXXI

en el alba, al caer el rayo

negué tu nombre: abrazado rémora a la amnesia

estragado, fiero de dolencias

llaga en el pecho dije al polvo


recuerdo la hora azul, las parvadas

aquel ruido de follaje enverdeciendo

mi corazón tendido al sol absorto

mi lengua o mi palabra entorpecidas

aquel destello que anunció la lluvia


recuerda que llegué a tu labio ya cansado

las veces que naufragué apenas tocar tu mano

esa luz que ardía en mí, centro y periferia

no me digas que caí, que ya no hay fuego

en este cuerpo que te llama aunque te olvide 

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