LXXXII

 embrujo de lo incierto

nudo de la carne

esto que soy,

lo piedra, lo fango


repite al aire

ayer, mañana, siempre:


muerde la fruta del sueño

muerde en el delirio

aquella flor que te deslumbra


recoge lo néctar, lo paraíso

lo furiosamente bello

eso que huye para siempre

nuestra carne, el deseo

en estampida ciega

      hacia la niebla

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