LXXXIII

 empieza por tu talle, lo que primero sostuve:

no el contorno de tu rostro desvanecido cae

en esta bruma sin recuerdos, en esta confusión de siglos,

lo que intrincado se me revuelve nervio adentro

repiqueteando el corazón y el hambre

agazapado reptil entre la sombra de lo suyo


más allá del hueso y su dolencia crecen las florecillas del olvido

más allá de tu misterio, de tu palabra ennieblecida

alguien inventa la historia del fuego


recuerdo: no tu mano y sus falanges con su magia,

la senda hacia esta hora comienza por el talle;

el anhelo y la separación del cuerpo,

nuestra forma de hacer volcán la noche, la irrupción de lo huracán

el universo ahogado en la garganta tuya 

es decir el cenit y la garganta mía ahogada de tu nombre


no en el mar de orillas inasibles:

entre la aurora y la hora ciega

ligeros casi sueltos casi etéreos

rendidos ofrendamos la epidermis

a horcajadas sobre el lomo del desvelo

mitad uno a medias otro tal vez sea posible decir juntos

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