LXXXIX

 esto de no morir es lo cansado:

nada más que respirar a toda sangre

entre el madero y los suplicios de la duda,

languidecido de avivar la brasa, tu voz sin eco

revoloteando el tímpano en vuelo migratorio

a sabrá el demonio qué hemisferios,

más que tierras prometidas o boreálicas auroras


más qué decir si este cansancio sigue vivo

aherrojado de mi hueso o del hueso de la voz

repetido y sin luz, haciendo hueco en lo que digo

lo que a tientas nombro para llamar la sombra

el amuleto para ahuyentar la fiera de tu nombre

nada más decir que no morir es lo que agobia

esta flama que se olvida de besar el malpaís

la malmemoria de querencias, de la herida

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