LXXXVI
espera la llegada del deseo:
no mires naufragar esta dolencia,
esta corpuscular materia que se inunda;
lo que no soy, lo que huye de la sombra,
reptilizado y torpe, aciago en su tropiezo:
aquello que me muerde el costillar
mi hueso de carne más enjuta
mi hueco de llagas ya sin flores,
aquello todo que me agarra para herirme,
roto el nervaje y la palabra clara
lo que tuve para ofrendar sin miedo
está ahora ido, cubierto de ya nunca
nunca más, de para siempre nada
eso es lo que tengo, la espina, lo no ser, aquí clavado
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