LXXXVIII
empecinado y tuerto, con hambre de luz,
nacido en la espesura o en lo turbio,
echado al mundo ni bien fraguarse el llanto,
lo que soy a penas torvo al aire ladra
rabioentrinecido de rumiante a solas
ala sin Ícaro para ofrendar al agua inmensa,
molido en lo silencio, en lo enredado
más allá de la tristeza, de los signos:
ahorcado en yermo, vuelvo a ser solo
reventado el verbo intestinal, la musical tibieza,
lo sereno que en rescoldos queda, vencido
escarmentado y cara al suelo:
nunca como ahora hubo la carne expuesta
este reino de gusanos sobre lo vivo moribundo,
esto que soy:
espejo en que tu recuerdo flota enhambrecido
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