V

 eres la dársena donde convergen: mi deseo,

nocturno hambriento animal,

esta brasa de agonía, la angustia;

 

los mastines de la pena ladran y gimen,

recelosos, cuando partes, cuando vuelves;

antes del oratorio donde tu pubis santificó

mi sangre,

mordía el polvo envenenado de los días

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