VI
esta ave que sostiene mi ternura, tuya,
no alcanzará a gorjear en primavera;
eres, en la oscura lejanía, último páramo,
la desértica llanura donde mis ojos pacen
recoge ya tus alas, iza tu nido, amada
aquí está mi corazón para ofrendarlo,
mi músculo dolido de saberte, de buscar
tu lengua
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