VII
espejo de abandono, muéstrame
no la herida que lamieron las bestias,
el perro invierno, muéstrame
la flor de esta dolencia
recorre con tu dedo la piel querida, evoca,
antes que la memoria tropiece,
madrugadas en que el deseo halló
mano y sudor y labios enlazados
aquella conjugación desaforada de dos cuerpos
reconociéndose a tientas, a torpes lengüetazos
lo he dicho ya: tengo un dolor aquí en el pecho
enterrado vivo, que palpita;
nadie sabrá jamás que te he querido:
en mi silencio habitarás, sin que te nombre
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