XCIV

 escribí la duda en las paredes, en el musgo

(no supe de ser yo hasta muy tarde,

expiado de algún verbo y sus injurias,

lisiado y tembloroso, frente al humo)

reñido con auroras y caballos, con el fuego,

abierto de mi entraña en tu cuchillo;

mascado ya y hediondo en la boca delirial,

moribundo y casiciego a la intemperie,

a punto de ceniza o de nombrarte


recé en algún altar y fui devoto

lo triste es que no supe mentar a ningún dios

echarme la esperanza sobre el hombro,

no supe de congojas o demonios, ni ser santo,

estuve sobre el agua sollozando, de todo lo que arde

entre los huesos, de ver alba tras alba

nada más que para hallar en mí tu ausencia

escrita entre las sombras como un salmo;

lo cierto es que me ahondo en lo sin luz,

repito que estoy bien, sin amenaza ni antigua cicatriz,

a veces solo un poco, un poco hambriento

más perdido que ayer pero conmigo

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