XIX

 esperar la noche, entonces, se vuelve oficio:

nueva tarea para desgranar los días,

el interminable asedio a la angustia,

lo que se ha perdido a lomos de los celos,

roca donde parte sus cráneos el olvido


agua que en ti nace, la voz tuya me envuelve

mi habitación se llena de tu aroma,

de una estampida de recuerdos

en la mano sostengo orquídeas silvestres

mi desolación de hombre atribulado

Comentarios

Entradas populares de este blog

I

II

XL