XLVI
Esta mañana hablo de nada,
navego a la deriva del tedio,
escribo, pero sin palabras,
labro en el silencio mi ruido propio;
reconozco, en la penumbra,
aves cuyo vuelo te dibuja,
máscara del anhelo, y del recuerdo
Esta mañana hablo de nada,
navego a la deriva del tedio,
escribo, pero sin palabras,
labro en el silencio mi ruido propio;
reconozco, en la penumbra,
aves cuyo vuelo te dibuja,
máscara del anhelo, y del recuerdo
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