XLVII
espero, sueño, digo que estoy solo;
nada he dicho de la herida,
esa herida llamada tu nombre
la última cicatriz que cultivó mi lengua;
rosas vienen, inviernos van: guardo silencio,
atesoro su carne en esta noche interminable,
mido, paso a paso, la agrimensura del olvido;
música, tu recuerdo, estalla,
abreva de mi insomnio, escala el sosiego,
repta por las coyunturas de mis huesos:
larga será la noche, y habrá hielo,
entonces, ahora, después:
nada tendré salvo esta ausencia,
esta noche como una tumba para tu flor
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