XLVIII

 esta flor que empuño, mi palabra;

nube sin lluvia, niebla sin bosque,

estremecida roca del deseo:

languidece bajo tu sombra;

recuerdo que el amor era una arcilla incierta,

ave de oculto vuelo,

mitad espejo, a medias volcán herido;

mordimos el fruto de la carne,

abrasamos los paisajes de la angustia

rabiosos, enternecidos, pero solos;

la lengua que te amó está dormida:

esta lengua que espoleo, relincha pero ha olvidado

los campos febriles de tu espalda,

es flor que nadie empuña, es silencio

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