XV
escupir, entonces, contra los muros de la angustia,
naufragar desde la azotea tormentosa de los celos,
empecinado, obstinado en roer tus nombres
la manta del deseo, aunque raida, aunque deshilachada,
resguarda mi cuerpo de temblores
a ti, que en mi sueño apareces con una flor en la entrepierna:
mira la obra de mi mano, esta ciudad que se consume
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