XVI
entrégate, entonces, a la corriente del deseo,
no le des un respiro a esta sangre,
entrégate como una ofrenda al espasmo,
labra en cada roca de duda tu nombre,
recoge los perdigones de esta voz entrecortada
agita las aguas de este corazón, enturbialas
mañana tu piel sacudirá todo horizonte,
mañana podremos alimentar el fuego
aquí, en este rincón sin muros del anhelo,
repito que he saboreado tu sangre bajo la luna
largamente dispuesto a recibir el abrazo de la muerte
ese silencio definitivo, la dentellada
nacida en sabrá el diablo qué espejismos
el desgarre final, el quiebre de toda nomenclatura, el soplo que arrase toda ceniza
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