XXI

 el eco, el rastro de ceniza que flota 

nube después de nosotros, después de todo

en este páramo de nada, donde nada florece

lóbrego se abre -es una puerta desvencijada pero abre-

reconozco en su interior al fantasma del deseo

a la jauría de celos al ataque de toda sombra,

mi carne herida, el manantial de mi sangre 

alguna palabra para nombrar la quebrantadura osamental


reconozco la herida fundamental, el nacimiento de toda doledura

la calle aturdida de ceniza, el polvo que siguió

en cada otoño, en cada verano por fin domeñado,

nuestros pasos, la danza errática del olvido

esa excusa tristísima que abrazamos para abrasar otra piel otro sudor

otra conjugación de verbos salivales

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