XXIII

 Esta angustia, la necesidad de tocar

noche a noche, a cada latido

el magma de tu piel, la sudorosa carne


la palabra definitiva dicha por tu voz

roto el silencio como cerámica contra el suelo

atravesada la espesura de la noche como por un cuchillo


me he visto, de rodillas, ante tu sexo

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