XXXI
eres el primer cataclismo de la aurora
nudo que hizo nido en el árbol desecado de mi corazón;
eres la palabra que no es amarga pero deja su huella,
la fragmentada ternura de lo perdido y roto,
reclama el vuelo y el cenit, el regusto
a óxido de lo que se ha perdido, de las cosas extraviadas
mullido verbo donde acurrucada duermes
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