XXXII

escribo para salvarme de tu vientre tibio:

nosotros, la fractura, el hueso herido.

en esta dolencia, respiramos

la esencia empozada de lo compartido,

roto en los vaivenes del deseo, ese péndulo;

amor, alma de ave, beso sediento:

mira este pecho maltratado de quererte

mira mi mano presa de la evocación;

recuerda que sangré un instante para siempre,

la sudorosa conjugación de aquellos cuerpos;

escribo para salvarnos de esta dentellada,

naufragado en aguas que se enturbian al nombrarte,

este laberinto donde heridos respiramos 

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