XXXIX
el reloj y el muladar, la cruda reverberación del alba,
negros espejismos donde rumió la noche;
esta luz con su mordaza, el barreno del deseo,
la pobre vestidura de mis dedos
repetida una y otra vez bajo la lengua del invierno
andamios para alcanzar inútilmente el nombre
mordiscado como fruta madura de tu cuerpo
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